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Omar Madrid, productor agricultura limpia: “Cambié el método y me ha dado resultado”

Esta es la historia de uno de los productores más activos que siguió al pie de la letra las prácticas sustentables que formaron parte del programa de apoyo territorial a pequeños y medianos productores en el manejo biointensivo de plagas para una producción de hortalizas libre de residuos de plaguicidas. Se trata de Omar Madrid Peña y esta es su historia.

Región de Valparaíso, mayo de 2020.- Hoy les queremos contar historias de éxito de hombres y mujeres del agro de la provincia de Quillota, que han sido productores ejemplares del Programa ejecutado por el INIA La Cruz de apoyo territorial a pequeños y medianos productores en el Manejo Biointensivo de plagas. Este se ejecutó entre el 1 de septiembre del 2015 y el 31 diciembre del 2016 y lo dirigió la entomóloga del INIA La Cruz, investigadora Natalia Olivares Pacheco. Contó con el financiamiento del Fondo de Innovación para la Competitividad, Gobierno Regional, Región de Valparaíso, el apoyo del Indap y la Asociación de agricultores de Quillota.

Los traemos a colación en tiempos de cuarentena porque este productor hasta hoy mantiene todos los conocimientos que aprendió en este programa y continúa dedicado a la producción de hortalizas con un enfoque amigable con el medioambiente.

Se trata del productor Omar Madrid Peña, quien cambió el método de producción a un modelo de producción de hortalizas sustentable, libre de residuos de plaguicidas, siguiendo los consejos de investigadores del INIA La Cruz que hasta hoy lo visitan o aconsejan cuando lo requiere.

Tomates (cherry, pomarola, redondo), lechugas, pimentones, aji y alcachofas son los productos que se siembran en esta parcela ubicada a la orilla del camino Quillota-Valparaíso, vía aeropuerto.

Toda su producción de hortalizas es libre de residuos de plaguicidas. Al principio, recuerda Omar Madrid, “producíamos no de manera limpia”.  Porque, “antiguamente era normal el uso de plaguicidas entres los productores. Después descubrimos que se podía trabajar más sano. Dentro de los invernaderos fuimos instalando malla antiáfido, trampas de feromona y trampas pegajosas para el control de plagas siendo un control muy eficaz y sustentable sobre plagas presentes en lechuga, tomate y pimentón”.

Para nosotros es una satisfacción saber que los productores han mantenido esta forma de producir, asegura la especialista Natalia Olivares Pacheco. “El uso de la estrategia del MIPB no es fácil. Sin embargo, este agricultor pudo incorporar sus técnicas. Con este tipo de iniciativa hemos generado cambios en el agricultor para obtener una producción de hortalizas libre de residuos de plaguicidas y por ende lo más inocua posible”.

Agrega la investigadora, “fue muy interesante poder enseñar a los hortaliceros a determinar la dinámica poblacional de las principales plagas presentes en lechuga, tomate y repollo, a evaluar los efectos en la cantidad de residuos de plaguicidas y los beneficios de la implementación del programa de apoyo a los productores”.

Omar Madrid aprendió del INIA y de los equipos técnicos Indap Prodesal de Quillota. “Hay personas que buscan lo sano para su familia. A otros no les interesa y prefieren solo mejor apariencia y calibre”. Aquí, recuerda, “han venido familias completas a cosechar a la parcela. Yo los dejo retirar el fruto para que gocen y vean el modo de cosechar sano y observen cómo realmente se puede cultivar sin pesticidas”. También, asegura, hemos recibido visitas de distintos agricultores del país los cuales se sorprenden de esta forma de hacer agricultura sin dañar al prójimo.

La incorporación de técnicas de disminución del desarrollo de plagas en hortalizas combina técnicas como té de compost, el monitoreo de plagas, uso de enemigos naturales, uso de feromonas, plaguicidas biológicos y aceites orgánicos, barreras físicas, trampas, cultivos atrayentes de enemigos naturales, control biológico, entre otros.

Su propio proyecto

Recuerda que su padre le dio la opción de trabajar con él. “Estuve como cinco meses. Luego me casé el año 1982 con mi esposa Magaly y arrendé tierras con mi padre y un primo. En ese entonces la vida era un poco más dura, empezamos nuestra historia sin luz y muchas ganas de salir adelante”. A partir del segundo año (1984), recuerda, “ya con mi familia empecé solo a arrendar tierras y a tener mi propia huerta familiar”. Mi papá, afirma, “me pasó un caballo para pasar la cultivadora porque antes todo se hacía con tracción animal. No como ahora, todo ha ido evolucionando y la agricultura es más tecnológica. Uno pasa el tractor con sus herramientas y el suelo queda listo. Fuimos surgiendo de a poco. Estuvimos arrendando entre el año 1984 y 2004”.

A partir de entonces logré comprar mi parcelita (Parcela Quilamapu) gracias a la agricultura y la ayuda de mi esposa e hijas Karen, Pamela y Viviana. Desde entonces estamos desarrollando proyectos de cultivos limpios los cuales son comercializados en la misma parcela saltándome el intermediario y haciendo llegar mis productos desde la tierra a la mesa de los clientes.

Ya han pasado cinco años y el mejor legado que le dejó su padre dice que son los valores. “Levantarse temprano, acostarse tarde. Si tienes que regar en la noche, mantenerse despierto e ir a hacer los turnos. Jamás dejar una responsabilidad sin terminar”. Pero, no sólo eso, “ser honesto, ser constante, darle trabajo a las personas que lo necesiten y no abusar de ellos. Llevar una agricultura y una vida sana, hacer deporte los domingo”. Después del trabajo, recuerda, “jugábamos en casa sobretodo los meses de vacaciones del colegio”.

Su padre, recuerda, nunca tuvo vacaciones. “Pero disfrutaba la presencia de sus hijos en casa. Era la forma de darse un gusto. Antes tomábamos once en las ramadas de tomate y el camión pasaba de lunes a viernes a eso de las 18.00 horas a cargar la cosecha del día. El sábado se dejaba para hacer manejos al cultivo”.

Recuerda que a los 12 años acompañaba a su padre a regar los cultivos de tomates. “Me ponía las botas que con esfuerzo me regaló. Otras veces iba solo a hacer el riego de los tomates, asustados en la oscuridad de la noche”. Al principio, recuerda, iba con mi hermano menor hasta que él ingresó a la Escuela Militar. “Cuando fui más grande la labor del riego nocturno la hacía solo, con o sin frío, soportando la picada de los zancudos, entre las 2 y 6 de la mañana o a la hora que tocará el turno del agua que no siempre era a la misma hora. Esto era de septiembre a marzo”.

En esa época se usaba el riego por tendido, recuerda. “Teníamos que ir con palas y botas…. El agua fluía por el canal, uno la atajaba y la dejaba correr por los camellones produciendo una inundación temporal”.

La tierra es lo suyo. Recuerda que su padre Ruperto Madrid le dio a elegir. “Yo opté por trabajar la tierra. Porque me gustó el campo desde los ocho años cuando mi padre se fue a trabajar al Fundo Esmeralda. Estábamos solos, acostumbrados en el campo, cerca de la línea del tren de San Pedro. Andábamos a patita pelada o con botas cuando nos tocaba regar con agua del río Aconcagua a riego tendido por las melgas”.

El mensaje de Omar Madrid es, “no comprar pesticidas y hacerlo uno mismo. Baja los costos en todo aspecto. Uno vive mejor y me siento orgulloso de lo que hago”.

Acerca de INIA

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) es la principal institución de investigación, desarrollo e innovación agroalimentaria de Chile. Vinculada al Ministerio de Agricultura, cuenta con presencia nacional y un equipo de trabajo de más de 1.000 personas altamente calificadas. Ejecuta al año un promedio de 400 proyectos en torno a 5 áreas estratégicas: Cambio Climático, Sustentabilidad, Alimentos del Futuro, Tecnologías Emergentes, y Extensión y Formación de Capacidades. Estas iniciativas contribuyen al desarrollo agroalimentario sostenible del país, creando valor y proponiendo soluciones innovadoras a los agricultores, socios estratégicos y la población, generando una rentabilidad social que varía entre 15% y 25%, por cada peso invertido en cada uno de sus proyectos.

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